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Triste

Avicii: el hombre que creía en la vida después del infierno

Tras la partida inesperada de Tim Bergling, conocido como Avicii –el talentoso DJ del EDM, compositor de éxitos como Wake me Up y Hey Brother- durante el pasado viernes 20 de abril en el lejano Omán, el mundo se encuentra estremecido. El joven productor, de apenas 27 años, brilló con luz propia muy temprano, dedicando prácticamente su segunda década de vida a dar giras cuyos asistentes eran públicos multitudinarios, que llegaron a aclamarlo con verdadera adoración.

El fenómeno Avicii marcó la escena de la Electric Dance Music, no solo entre su masiva fanaticada, también entre reconocidos músicos de amplia trayectoria, cuyo talento es remarcable. Personajes como Madonna, Coldplay, Lenny Kravitz y David Guetta entre muchos otros, quedaron sorprendidos cuando descubrieron por primera vez a este joven que convertía en oro lo que tocaba con sus manos, y solicitaron su colaboración.

Sin embargo, tal como fue descubierto en el documental sobre su vida, True Stories, estrenado en el año 2016 y grabado a propósito de su sorpresiva decisión de retirarse de las giras, la verdad es que Bergling estaba agotado y hacía muchos años había dejado de disfrutar lo que hacía. Era el mejor haciéndolo, pero para él representó un verdadero padecimiento, no solo por el agotamiento mental, sino especialmente por las enfermedades físicas que empezaban a aquejarlo y que eran consecuencia de su malogrado estilo de vida, donde abundaban las bebidas alcohólicas que consumía para tolerar la ansiedad que le ocasionaba el excesivo roce social.

Varias veces estuvo hospitalizado por inflamación de páncreas durante el 2012 y en 2014 tuvo que operarse la vesícula, tras un año de posponer la cirugía por motivos de trabajo.

Avicii necesitaba descubrir su vida

Avicii era consciente del poco respeto con el que estaba tratando su propia vida, sabía que estaba dejando para luego algo que nadie sino él mismo podía hacer: vivir su vida. A sus 27, sentía que necesitaba descubrirla.

Para el año 2014, Avicii llegó a ser el tercer DJ mejor remunerado del mundo. Su nombre se hizo franquicia, pero para él todo parecía surreal. En cierta ocasión, llegó a declarar para la revista Rolling Stone que realmente nunca había soñado con hacer música o giras a ese nivel. Todo había sucedido deprisa y ese ritmo frenético con el que escaló al comienzo, no había parado.

Cuando pudo liberarse de las presiones, regresó a sus orígenes: a componer música en casa. Instaló un estudio en Toscana, y enfocó su energía en disfrutar su oficio. Cambió de manager y buscó firmar con otra disquera, con la que había comenzado un proyecto. Parecía tener muchas ganas de vivir, de continuar hacia adelante. Había dejado varias canciones en progreso, esperándolo de vuelta. ¿Qué pudo haber pasado? Sin duda, la decisión definitiva de Avicii genera, cuando menos, perplejidad. Probablemente, por instantes atisbó nuevamente el abismo que su propio talento abría bajo sus pies, y el temor pudo más que la esperanza. Sin embargo, su música sigue inspirando y transmitiendo mucho entusiasmo, sigue despertando ese espíritu de celebración con el que sin duda, el mismo Tim preferiría ser recordado por siempre.

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